martes, 30 de enero de 2018

La serendipia de tus besos

Hoy quiero besarte otra vez, tengo ganas de ti, muchas al decir verdad.
Me gustan tus labios carnosos, tan besables, suaves, atrevidos y deliciosos
eres una golosina prohibida, divertida y antojable,
me río de mí misma cuando me sorprendo viéndote lascivamente.
Cuando mis manos se encargan de mí; te pienso,
te imagino besando entero mi cuerpo, apartando el cabello de mi cara con un dulce gesto. Imagino o más bien recuerdo tan claro el pasar de tus manos por mi piel… me incendio en este punto.

Tu cara en lujuria perdido pidiendo un beso más, más minutos, más tiempo, una noche. Yo también quiero. Lo he decidido hoy, la próxima vez que nuestros cuerpos estén al borde, dejaré que el vacío nos trague abrazada a ti.

Tan atractivo te miras, tan alto y tu sonrisa, voz, ojos… y vuelve mi mente a tus labios, antojo de morderlos, saborearlos una y otra y otra vez.
La locura de tenernos y no tenernos, de sentirnos febriles y solo sonreírnos,
poder hablar contigo de lo que sea, tu cerebro también me atrae. Sensual y culto, todo en uno.

Ven sorpresivamente hoy por mí y toma mi mano, vamos a divertirnos, reírnos, disfrutarnos, encontrarnos, implosionar y despojarnos de todo. Quiero tu calor, tu aroma, acariciar tu nuca y sentir tu cabello entre mis dedos. Vamos a vivirnos de a poco esta aventura al compás de una canción viejita de esas que erizan la piel.

¡¡¡Bésame!!!

Inefable

Somos una explosión: él el combustible, yo la chispa.

El mismo lado “b” desconocido que rompe toda expectativa. Levanta ilusiones y se vuelve inesperadamente deseado.

Fluyo como el río que desemboca en el océano y me revuelco en las bellas olas de su cuerpo.
Nos miramos, nos besamos con fortuito anhelo, las ganas nos abrasan la mente y muerden la carne.

Me sorprendo. Se desvanece el mundo y queda él, quedo yo: fundidos en abrazos, caricias, besos, suspiros…

Es el deseo que en mí se incendia, con la mirada a mis mejillas enrojece. Me muestra mi lado más divertido, me siento respirar tranquila.
Se prendieron las mariposas en mi estómago. Pero es extraño, arden particularmente despacio, sin prisa alguna; como si tuvieran la certeza de que cuentan con todo el tiempo del mundo. A su lado la compañía es completa, de esa bonita.

Me acomodo lindo y fácil a su lado, su piel encaja bien con la mía. Las horas pasan sin que me dé cuenta porque pierden bellamente su sentido.

Y dejé volar la esperanza atada a mi meñique con el pequeño cordón de cordura que me quedaba… Era obvio que se rompería. Mi esperanza era más densa que la razón que la anudaba.

Hoy espero que el tiempo se haga líquido…