Somos una explosión: él el combustible, yo la chispa.
El mismo lado “b” desconocido que rompe toda expectativa. Levanta ilusiones y se vuelve inesperadamente deseado.
Fluyo como el río que desemboca en el océano y me revuelco en las bellas olas de su cuerpo.
Nos miramos, nos besamos con fortuito anhelo, las ganas nos abrasan la mente y muerden la carne.
Me sorprendo. Se desvanece el mundo y queda él, quedo yo: fundidos en abrazos, caricias, besos, suspiros…
Es el deseo que en mí se incendia, con la mirada a mis mejillas enrojece. Me muestra mi lado más divertido, me siento respirar tranquila.
Se prendieron las mariposas en mi estómago. Pero es extraño, arden particularmente despacio, sin prisa alguna; como si tuvieran la certeza de que cuentan con todo el tiempo del mundo. A su lado la compañía es completa, de esa bonita.
Me acomodo lindo y fácil a su lado, su piel encaja bien con la mía. Las horas pasan sin que me dé cuenta porque pierden bellamente su sentido.
Y dejé volar la esperanza atada a mi meñique con el pequeño cordón de cordura que me quedaba… Era obvio que se rompería. Mi esperanza era más densa que la razón que la anudaba.
Hoy espero que el tiempo se haga líquido…
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