Tontos
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
María lo miró, nuevo y espectacular; ahí sentado como si nada. Ella tenía la intensidad en sus ojos saltones, su corazón bailaba un extraño compás, un compás sin ton ni son. Sus pupilas bien dilatadas y la respiración agitada.
Lo miró una y otra vez, en su estupor, era incapaz de apartar la mirada.
Él ya sentía la incomodidad de esa mirada tan intensa; ya se acomodaba el saco, ya se acomodaba el pelo perfecto, justo en su lugar sin nada que acomodar y se rascaba la nariz nervioso.
Él ya sentía la incomodidad de esa mirada tan intensa; ya se acomodaba el saco, ya se acomodaba el pelo perfecto, justo en su lugar sin nada que acomodar y se rascaba la nariz nervioso.
Los ojos de María seguían impávidos, apenas si pestañeaba, mientras que de su boca emanaban extraños sonidos en busca de palabra alguna. Balbuceaba estúpidamente.
Él pensaba, mientras tanto, que ella tenía serios problemas de adicciones.
María logró apartar la mirada, se enfocó en sus manos temblorosas y sudorosas. Escuchó los pasos de él alejándose rápidamente.
Él pensaba, mientras tanto, que ella tenía serios problemas de adicciones.
María logró apartar la mirada, se enfocó en sus manos temblorosas y sudorosas. Escuchó los pasos de él alejándose rápidamente.
Dejó de verle una mañana gris, fría y lluviosa. Nunca más sus ojos volvieron a mirar con tanta intensidad. Nunca más lo volvió a ver...
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Siempre caminaba con la mente en todos lados, menos en sus pasos. Rodolfo chocó con el amor de su vida: Al fin el universo le había enviado a quién tanto había pedido en las noches con los ojos ardiendo de tantas lágrimas que Livia provocó luego de su partida.
Rodolfo, desde entonces, conoció los amores furtivos, las noches de parranda y amaneceres en camas ajenas, con mujeres ajenas de olores ajenos. Chicas que le llamaban o quedaban en espera de que él las buscara luego.
Pero Rodolfo quería un amor en stop motion, un amor disfrutable y durable, un amor que le hiciera envejecer sin sentirlo. Su persona con el hilo rojo atado a su meñique como cuenta la leyenda.
Pero Rodolfo quería un amor en stop motion, un amor disfrutable y durable, un amor que le hiciera envejecer sin sentirlo. Su persona con el hilo rojo atado a su meñique como cuenta la leyenda.Chocó con el amor de su vida en la Avenida Montevideo y ni si quiera se enteró por andar recordando a aquella mujer que le dejó con los sueños rotos y los anhelos al aire...
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
--No es tiempo-- le dijo, ahí sentado en una banca de piedra a la salida del metro.
Con el sol dándoles en las caras, se despidieron dos amantes. En una despedida llena de ganas... ganas de no irse, ganas de no dejar ir, ganas de abrazarse y quedarse siempre, ganas de besarse, de tocarse, de pertenecerse.
Pero las palabras fueron certeras, "no es tiempo, no es mi tiempo, no es nuestro tiempo"; palabras que retumbaron con la fuerza de toda la verdad con que cada sílaba estaba forjada.
Una despedida agridulce. Las chispas aún rondaban a esos dos cuerpos sentados uno junto al otro.
Ambos tenían la máxima precaución de no tocarse, de no mirarse directo a los ojos; de lo contrario -y ellos lo sabían- las llamas se encenderían intensas y sería casi imposible entonces apagarlas. Fue por eso, más o menos, que ella se despidió en cuanto él preguntó cuanto tiempo más podría quedarse ahí con él.Caminaron entre gente y puestos apestosos, él moría por tocarla, ella moría por tocarlo también. Él se quedó a unos pasos, ella dijo adiós.
Él se acercó, ella respiró despacio para calmar su alma. Él, beso el aire al rededor de ella con ganas de estamparse en sus labios una vez más. Ella, imaginó el beso más dulce, uno de esos que marean, uno de tantos, uno igual a los anteriores que le habían depositado en las manos el universo entero.
Caminaron en direcciones contrarias
Ella, empañada de lágrimas que jamás rodaron por sus mejillas.
Él, turbulento en sus pensamientos.
Se extrañan, se anhelan. Se olvidan...


Sin luz artificial, el amor es penumbra y certeza de que pisas el suelo correcto, de que respiras el aire adecuado, de que sientes lo deseado, inexplicable, hermoso y funesto.... Excelente Varinka Muñóz, me enamoran tus historias, me enamoran de la noche y de las consecuencias de leerte.. Chido
ResponderEliminar