Mis venas se sienten estrechas y mi piel más fría que de costumbre. Las otras ocasiones que nos separábamos te sentía aún conmigo, con tú vibra rondando la mía.
Sin embargo, hoy he dejado de sentirte. Tal vez dejé de desear que estés. Esta vez no vuelvas porque me embraveces las mareas, oscureces y violentas mi océano.
El vacío aparece inmenso, las montañas más ríspidas, el barranco se nota infinito. Pero existe la calma, el silencio, la expectación, la tranquilidad luego de la tormenta; ese momento siniestro ulterior al dolor. Es el limbo, estoy extraviada en el ojo.
Hálito de pasión, una mirada juguetona, recuerdo una noche desprendida de tu tormento, una llama pequeñita parpadea que de un ligero soplo puede apagarse. Mas tú y yo éramos incendio abrasador, incontrolable, perenne, trascendente.
Te decidiste por la chispa y diste la espalda a la candente flama.
Al rojo vivo mi corazón aún palpita viendo tus pasos lejos, más lejos.
Somos humanos, errar caminos es lo nuestro.





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